El trío que todo hombre quiere vivir (I)

07.09.2018

De verdad, me vais a perdonar la presuntuosidad.

Pero es que esta semana he sido testigo del trío que todo hombre quiere vivir en su vida.
Si yo sigo flotando, no quiero imaginarme cómo está el, ni cómo está ella.
Lo amplio...

Esta primavera fui contactada por correo y whatsapp. Pareja de cincuenta y pocos busca candidata para iniciarse en el mundo trío. Pepe y Lola, nombres comunes que de tan comunes son hasta anónimos. Concretamos una cita que por razones que no vienen al caso, tuvo que ser cancelada. Finalmente, la semana pasada con un par de mensajes breves, cerramos rápidamente otra para encontrarnos en esta primera semana de septiembre, vuelta al cole, oficina y las rutinas. 
Sobre Pepe ya tenía alguna información previa: cómo escribía, la foto de su whatsapp, su interés por preparar bien la cita.... Me consta que leyó este blog de principio a fin. Sobre ella, bastantes menos detalles, salvo que su hombre la ponía por las nubes, algo que a mí objetivamente poco me aportaba...
Si que recuerdo una frase de su último correo : "Lola es una mujerona, una rubia preciosísima".
Les propuse quedar a tomar un vino antes de la cita, ya que me parece muy brusco cuando alguien no ha hecho un trío con anterioridad quedar directamente en la habitación, máxime cuando se trata de habitaciones por horas, ambientadas con espejos, luces de colores, espacio el justo y enfocadas a ser marco de lujuria por tiempo limitado. Hacer un trío con una pareja tiene su complejidad, tanto para ellos como para mí. Para ellos, porque, aunque sea por elección propia, su intimidad se ve invadida por una extraña. En ocasiones se mezclan celos y excitación, dándose un mix de emociones difícil de conjugar. Para la persona del trío que no forma parte de la pareja, requiere saber ver esos momentos y facilitar que siga habiendo acercamientos entre ellos, no inmiscuirse cuando se besen, se miren, siendo una figura activa exclusivamente cada vez que le den pie. Además, deben enfrentarse a visualizar a su pareja , sea el hombre o la mujer, con otra persona, a escasos centímetros. Que se dice pronto: ver a tu hombre a 20cm follándose a otra (Post a parte merecería debatir la presión que le puede suponer a un hombre tener que dar placer a dos perras en celo).

Fantaseando esto llegué a mi cita, con la imagen del caballero del whatsapp acompañado de una encantadora (supongamos) profesora de secundaria en sus últimos años de carrera, parapetada con moño, gafas, y hasta pintalabios color carne, falda anodina un dedo por debajo de la rodilla, de sexualidad reprimida hasta hace 10 minutos en los cual ha aceptado vivir un trío porque se van pasando los años y no hay segunda ronda... 

Primero le vi a él, moreno, cincuenta y pocos, en buena forma, con cara de ser una persona muy sociable, simpático , atento. A su derecha, Lola, sin otro calificativo como el que él me había escrito: un mujerón. Rubia de pelo largo y liso, maquillaje muy discreto en un rostro muy bonito de sonrisa amplia y. vestido negro ajustado con cinturón y zapatos de salón. Buen color en la piel producto de las vacaciones. Manos bonitas y uñas arregladas pintadas de rojo.

Sentí más que nunca lo agradables que son a veces las primeras impresiones, quizás mi subconsciente me la había jugado pintándomelo tan mal, que me encantó ver que Lola era un bellezón de esa calaña.

Charlamos un poco mientras tomábamos una copa de vino, constatando que eran tan simpáticos y agradables como había previsto . Pepe estaba encantado, rubia a la derecha y castaña a la izquierda, si bien los arrumacos se los dedicaba a su pareja. 

Pareja, al fin y al cabo, a pesar de quedarme meridianamente claro que eran amantes, posiblemente enamorados, pero una pareja sin duda que se tenía que ver furtivamente y a espaldas de muchos. La propuesta del trío vino de Lola y a Pepe le faltó tiempo para ponerse manos a la obra. Igual de decidida resultó Lola para recordarnos que había que apurar las bebidas y dirigirnos a la habitación. 


- Continuará- 



M.