Alter Ego

02.02.2014

Siempre me ha gustado fantasear con los secretos que esconde cada persona, con sus preferencias en la cama, las tendencias que se avergonzaría a revelar, tratar de crear un perfil más completo .

En muy pocas ocasiones he acertado, ¡tengo un ojo clínico lamentable!. Pero al menos me he divertido yo solita en mis reflexiones... Me sorprendí el año pasado cuando volví a coincidir con un noviete de la adolescencia. Aquel chico con falsa pose de malote y pasota, otrora tan inexperto como yo, se había convertido en alguien a quien le encanta ponerte la mano en el cuello en pleno acto sexual y apretar hasta donde le dejases. Francamente, es algo para lo que necesito confianza, y nosotros ya no la teníamos.

Él es ahora un profesional respetado, con hijos, una exmujer peleona, y que me transmitió una sensación de infelicidad que me dejó trastocada. Él, que se bebía la juventud en minis de calimocho... A sus manos en mi cuello, le saco la lectura de que nota su vida descontrolada, doblegada a ese trabajo, a esa ex que presiona y exprime, siendo que a todo debe asentir por el bien de sus hijos. Sus manos en mi cuello, o en el de otras, es la única opción de sentir el control, descargar muy ligeramente esa rabia contenida, llevar las riendas y decidir él mismo por un breve lapso de tiempo , muy breve. El resto del tiempo las obligaciones lo hacen por él.

Ahora juego al revés de lo que lo hacía hasta hace un año: normalmente, en el trayecto en taxi hacia casa después de una cita, rememoro lo vivido y especulo sobre como será la realidad de la persona que acaba de estar conmigo, del mismo modo que sé que muchos de ellos especulan sobre la personalidad que figura en el DNI que porta Marina. La actitud sexual dice tanto, tantísimo sobre alguien... En general, vidas normales que de tanta rutina han cogido un tono de bruma hasta que la carga del gris un día se hace insoportable y vierten un cubo entero de color. A mi me ocurría igual, tenía una vida cómodamente gris a la que le faltaban notas discordantes, me generaba frustración, estaba todo el día ofuscada. Sentía el vacío. Sin embargo, conozco muchas personas que no necesitan nada más que calma, tranquilidad, orden, todo en su sitio. Yo no soy una de ellas.

Necesito la adrenalina para sentirme viva. "Haz deporte, vete a bailar..". Qué fácil... Así que, desde el momento en el que he determinado y aceptado con qué iba a llenar ese vacío, he comenzado a cruzarme a personas a las que les ocurre lo mismo que a mí y reaccionan de formas similares, especialmente porque vamos viendo los años pasar y somos conscientes de que los trenes se alejan...

No me gustaría llegar a vieja y pensar que tuve una vida gris y no hice nada por cambiarla. No quiero sentirme marchitar, quiero ser una lustrosa flor siempre, incluso cuando ya no sea ese mi aspecto exterior. Bien es cierto que no tengo exactamente la vida que había soñado, porque me falta una única cosa: el amor. Y no cualquier amor, sino un amor que compartiera toda mi intensidad. Durante años he notado que añoraba algo, me ha costado identificarlo. Una vez hecho, viene la segunda parte: abre los ojos Marina, no lo vas a encontrar. No existe, y si existe, no está disponible. Mentalízate y sigue adelante.

Mira ahora la foto que encabeza este post. Marina es la de abajo, pero se pone una máscara que la cubra de modo que no puedan verla ni familia,ni amigos, ni compañeros de trabajo. Una máscara que refleja serenidad o rigidez. Se la quita para escribir estas líneas en este blog y en las burbujas de sus encuentros. Se la ha quitado con Él. Se mira en el espejo y se ha acostumbrado a ver una tez que no es al 100% la suya. Menos natural, menos expresiva, a pesar de que los gestos faciales de Marina son tan fuertes que en ocasiones le aportan vida a la máscara.

Bien, ahora imagina que Marina aleja esa máscara de su cara, y enfrenta ambos rostros ante un espejo. No asocia a quién pertenece esa imagen que gesticula con sorpresa, y lo peor, la cara "oficial" cobra vida y no comprende lo que ve puesto que nunca había utilizado esos ojos para observar.

Marina no asimila su alter ego, y viceversa. Creía que si, pero ha bastado que alguien de su vida oficial lo descubriera para darse cuenta de que no sabe bien donde empieza una y donde acaba la otra. Porque en realidad, la "falsa" , es la otra. La comedida, la controladora, la seria y formal, en ocasiones borde, es un personaje creado por la sociedad y las circunstancias, sabedora de que no aceptarían a Marina.

Hace mucho tiempo dije que si mi familia lo descubriera, lo aceptaría con naturalidad. Me retracto.

Lo negaría, porque sé que el problema no es mío, es de la sociedad en general y les causaría un profundo dolor. Jamás, jamás sabrían comprenderme.

Lo que yo sí he comprendido es que no voy a encontrar en mi vida a un hombre que me ame y quiera tal y como soy, porque hay que ser un hombre muy hombre, un tío de los pies a la cabeza y con un par muy bien plantado para aceptar una mentalidad como la mía y que quiera compartirlo por completo. Y no es que yo no sea exigente, precisamente. Entonces, dado que no me planteo ni por asomo ponerme también la máscara en una relación amorosa, porque prefiero no tenerla si no es para sentirme libre, Marina seguirá por aquí, por tiempo indefinido.

Viviendo con intensidad.

M.