Cantos de sirena

17.10.2014

Días especiales, que empiezan intensos y acaban dulces en la paz de mi casa, me dejan sensible para oírme en silencio durante un par de minutos.

Y escuchar mis propios cantos. Cantos de sirena.

Lo admito sin reparo: te canto, te susurro al oído, te provoco dulcemente, te acaricio con mis palabras mucho antes de que sientas las yemas de mis dedos. Te hago propuestas, unas veces más discretas, otras más traviesas. Te sonrío hasta el infinito y con mis silencios te doy tiempo a que las fantasees. Poco a poco, noto en tu mirada como sientes que te envuelvo con las notas de mi voz mientras el brillo de tus ojos revela indefensión y rendición creciente en tu debate interno. Cuánto, cuánto desearías tener cerca a Orfeo para evitar que te devorase...

Más no quiero devorarte ni quitarte la vida, todo lo contrario, sólo ansío darte un poco de la mía y que te dure mucho, mucho tiempo, aun cuando yo ya no esté. ¿Manipuladora? No... sólo un poco egoísta. Me mueve el deseo, mis ganas de satisfacerme complaciéndote y que me recuerdes.

Y como dice la canción:

...si al caminar por las calles no hay árbol que me haga sombra si mi sonrisa ilumina de noche más que un farol y sé que cuando te marches podré sentirme dichosa sabiendo que me has querido lo mismo te quiero yo...

Sabiendo que me has querido, lo mismo te quiero yo.

M.