Delirios

21.10.2014

(Déjame que te pida leas esta entrada escuchando esta canción:)

Cierra la puerta. Desnúdate, deja caer la ropa en el suelo, no importa.

Has deshojado 4 rosas, es sencillo, en cuanto arrancas el capullo se deshace por completo la flor en tu mano. Retienes uno de los pétalos por un momento entre los dedos. Qué suave es... El aroma a flor de alguna forma embriaga la estancia.

Juega a repartir los pétalos por la cama. Se ve tan bonito... esa cama impolutamente blanca y ahora lecho silvestre.

Túmbate. Yace. Cierra los ojos. Aspira el perfume.

Escucha la melodía. Te invita al delirio. Siéntete girar en el manto níveo decorado de pétalos de rosa, te sientes suave, sensible, etérea. No puedes evitar mover tu cuerpo contoneante al son de la canción, apenas un estremecimiento que comienza en el cuello, baja por los hombros hasta las manos atravesando unos brazos extendidos, articula la cintura, redondea la cadera y alza suspirante el pubis.

Suave, sensible, etérea, hasta que abres los ojos y ves como los pétalos han comenzado a dejar un rastro rojizo manchando la tela y han marcado sendas al moverlos involuntariamente en el baile de tus brazos.

Siempre queda huella, solo lo no vivido no la deja.

Y entonces me levantaré tirando de una punta de la sábana, y dejando un rastro de pétalos por el suelo, me alejaré sin mirar atrás, dura, sensible, etérea.

Tan sólo debes seguirme. O quizás no te atrevas...

M.