El valor de la discreción

17.02.2015

Sales del trabajo, te recoge tu chico, tarde doméstica de besos salivados en Ikea, ducha conjunta antes de cenar con escena de película bajo el agua. Enjabonándole entre las nalgas con la mano derecha mientras sacas lustre por delante con la izquierda.

Deleitándote jugando con el dedo índice en su culo... Excitándote tanto que acabas pajeándole a dos manos. Saliendo del agua para montarle sentados en el inodoro o que te la clave frente al espejo del lavabo.

Cena tranquila en casa, a la cama a las 00:30 que mañana madrugamos.

Te despiertas a las 4 am y le buscas. Polvo salvaje a oscuras medio entre sueños, con palabras cerdas de esas que tanto os gustan. Dulce orgasmo y a dormir la última hora y media con la entrepierna pringosa.

Te levantas para comenzar un nuevo día, rutinas, café, hacer la cama, llegar a la oficina...

Enciendes el ordenador, empiezas a trabajar, buscas algo en internet y acabas casualmente en la página de un diario online...

...encontrando...

..una cara conocida. Un rostro que tardas 1 milésima de segundo en identificar. Una identidad con nombre, apellidos y reputación pública. Empresario, alto ejecutivo, político, quizás deportista, a todos los efectos, ahora, y para mí siempre, irrelevante. Fornicasteis salvajemente en unos apartamentos por horas en el jacuzzi, la cama y en el sillón Tantra. Tan sucio y morboso como tú, follasteis por primera vez como si lo hubierais hecho ya al menos en una docena de ocasiones. Os distéis besos babosos de mucha lengua y mucho vicio. Eyaculaste a chorro hasta quedar exhausta, supo hacértelo, supo sacártelo todo y obligarte a volver a casa con los muslos temblorosos...

Hablasteis. Hubo sintonía de verbo y de jadeo. Adictos a las sensaciones de la vida oculta, fue eso lo que le enganchó al blog, te dijo. Seguisteis en contacto durante una temporada hasta que se perdió de una forma un tanto abrupta.

Y ahora te encuentras su rostro con nombre y apellidos. Empresario, alto ejecutivo, político, quizás deportista, a todos los efectos, ahora, y para mí siempre, irrelevante.

En realidad, el valor de la discreción no fueron aquellos 350 euros.

Intuyo que sigues viniendo de vez en cuando por aquí. Discúlpate por tu torpeza -espero que con el tiempo entendieras mejor lo que ocurrió- y contáctame sin titubear para planear un encuentro a tres sucio, morboso y vicioso. 

#Comonosotros @Quienquieraqueseas.