La visitadora médica

19.08.2014

- Si querida, si, la crisis es terrible. No hubo manera de que mi empresa sobreviviera a pesar de una restructuración durísima el año pasado. Más de 50 despidos y bajada salarial en balde, para haber terminado cerrándola de todas formas. Ha sido un palo...

+ Ay hija, cuánto lo siento, Cristina, con lo buenísima que eres y lo mucho que te gustaba. Seguro que encuentras algo pronto, ya verás...

-¡Si de hecho ya lo he encontrado!. Al cerrar en LQNH, me planteé que quizás sería el momento de orientarme hacia otras áreas, estaba algo cansada, tantos años ya... Un conocido me habló de una oferta de visitadora médica, nunca me habría imaginado desempeñando funciones comerciales, vender yo, figúrate, con lo poco que me gusta... Pero empecé a estudiar la propuesta, es muy buena empresa, tendría mucha flexibilidad horaria, me convencí,¡ y ya me ves ahora!. Son unos laboratorios punteros en innovación que han lanzado recientemente varios medicamentos destinados a paliar disfunciones sexuales y a mejorar la calidad de las relac...

+ ¡Visitadora médica! Pero mujer... ¡si tú eres de letras!. ¿Qué sabes de medicina, farmacia o mismamente de química? ¿Cómo te desenvuelves? ¡A ver si les vas a decir una barbaridad!

- No te pongas dramática... nos dan formación específica para cada fármaco y al final te lo acabas aprendiendo como un lorito... No hay más que soltarles el rollo y listo.

+ Si, ¡pero ellos son médicos!. Te harán preguntas, te pedirán que argumentes por qué tu medicamento es mejor que otro, y con bases científicas, ¿no?

- Evidentemente. Pero ya me conoces, llevo muchos años ya trabajando y tengo mis recursos, especialmente si son varones... Nada como una caída de párpados a tiempo...Jajaja.

+ Jajaja... eres única.

- Te dejo que van a terminar la consulta y no quiero que se me escape el doctor. ¡Llámame y tomamos un café algún día!

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El doctor Andrade peinaba ya más canas de las que debería para sus recién cumplidos 42 años. Posiblemente, algo había tenido que ver el aumento de responsabilidades al hacerse cargo del Servicio de Urología y el divorcio de Susana unos meses atrás. Llevaba la bata desabrochada y las solapas descubrían una camisa verde de cuadros de Pedro del Hierro y chinos azul marino que habían vivido épocas de mejor planchado. Posaba su mano derecha sobre el gran Vademecum que ocupaba la mesa mientras la izquierda bailoteaba tontamente con el bolígrafo entre los dedos. "Estos cabritos de los laboratorios cada vez mandan tías más buenas", pensó. ¿Dónde quedaron las vacaciones gratis con toda la familia? La época de los viajes pagados con la excusa de algún congreso hacía ya años que había desaparecido, a principios de año la industria farmacéutica había acordado no realizar regalos superiores a un importe de 10 euros, y tanto él como sus compañeros recibían con bastante fastidio a esos 2 o 3 charlatanes (así era como les veía, como los vulgares charlatanes que vendían crece pelo en el lejano Oeste) que se personaban cada día antes y después de la consulta a hacerle perder un tiempo que posiblemente ya arrastrase de retraso en el segundo paciente. Le tenía dicho a la enfermera que procurase despacharles solicitándoles dejaran los prospectos, libretitas y bolígrafos de rigor, pero la gran mayoría se empeñaban en saludarle personalmente.

Eran ya las 14:30 y debería haber terminado la consulta hacía más de 45 minutos. Otro día más. Enérgicamente abrió la puerta de la consulta para despedir al último paciente y del mismo modo que si hubiera estado siendo iluminada por un foco sobre su cabeza, Andrade no pudo hacer otra cosa que dirigir su mirada de forma instintiva y directa hacia aquella mujer. Tendría unos 35 años, lucía un pelo castaño ligeramente ondulado a la altura del hombro que le recordó al peinado de Susana años atrás, cuando se habían conocido. No le dio la sensación de ir excesivamente maquillada pero sí había resaltado unos preciosos ojos verdes, de esos que saben más por lo que callan que por lo que habrían podido decir. Vestía una blusa de seda beige que semitransparentaba su ropa interior, una minifalda negra y altos tacones con plataforma. Sentada en el borde del sofá con las rodillas juntas y la espalda erguida marcando las curvas de su pecho, caderas y trasero, se flanqueaba por un maletín a la derecha y el bolso a la izquierda. Al sentir la puerta y las voces de la despedida, aquella mujer no se había inmutado ni movido un sólo músculo de sus extremidades salvo un leve y lento alzado de barbilla para buscar desafiante la mirada del Dr. Andrade y clavarse en su iris sin pestañear. No había más señal de vida que sus grandes ojos verdes diciéndole:

"Estoy aquí por ti.

Quiero verte

y

tenerte cerca".

Qué mirada.... El Dr. Andrade se sonrojó levemente al tiempo que notó una punzada en su polla. Qué buena estaba. Estos cabritos de los laboratorios cada vez las mandaban más explosivas. Ya no sabían que armas utilizar para lograr que los médicos les recibieran y Andrade estaba seguro de que más de una había hecho sus pinitos como modelo o quizás hasta como puta de lujo. No era el caso de ésta, se la veía bajita y quizás demasiado curvilínea, pero de alguna forma transmitía un mensaje de morbo y vicio que él había descifrado de inmediato. Tragó saliva y asintió hacia ella, indicándole que la iba a recibir. La visitadora se levantó con decisión y encaminó esos pocos pasos, maletín en una mano, bolso en el otro, zarandeando culo y tetas a cada golpe de cadera y haciendo imposible no quedarse absorto contemplando la escena. "Joder,qué polvo tiene", le recordó un nuevo latigazo de corriente sanguínea en su verga.

- Cristina Fernández, Laboratorios Silly. Muchas gracias por atenderme, Dr. Andrade. Serena y susurrante mientras le tendía la mano.

+ No hay de qué. Tome asiento, por favor. Ud. dirá.

- Quisiera presentarle el último producto lanzado por nuestro laboratorio. Desde el desarrollo de la dapoxetina en el año 2009 y el éxito obtenido en el tratamiento de la eyaculación precoz, hemos continuado investigando para obtener un fármaco que incluye las propiedades de la dapoxetina mientras que a la vez reduce al máximo el periodo refractario, podría decirse que prácticamente hasta lo elimina por completo obteniendo de esta forma la pentadapoxetina que permite una media de 2 - 3 orgasmos sin eyaculación... Asemeja la reacción física a la de las mujeres multiorgásmicas.

+ Qué me está contando Ud. Srta. Fernández...

- Si Dr. Andrade. Esa es la media reflejada en nuestros ensayos clínicos, si bien el 70% de los varones entre 40 y 50 años alcanzaban los 4 orgasmos sin dificultad. Cuatro.- Añadió Cristina, mostrándole 4 dedos y respondiendo con su pícara mirada mientras dejaba caer sensualmente sus párpados. Estará conmigo en que se trata de un avance similar al que en su día provocó el lanzamiento de la Viagra.

"Así que estas tenemos, zorrita... Me estás diciendo que podría correrme 4 veces seguidas del tirón, sin sacarla, como posiblemente seas capaz de hacer tú..."

+ De ser como Ud. lo cuenta, no le quito la razón, no. No obstante, para poder comprenderlo mejor y prescribirlo, me vendría bien que me detallara la estructura de la molécula y como han hecho para inhibir la recaptación de serotonina por un tiempo limitado. ¿No será que se produce una eyaculación retrógada? Por si no sabe que es, me refiero a que se expulse el semen hacia la vejiga

Cristina respiró hondo de inmediato hasta que sus senos prácticamente quedaron apoyados sobre la mesa. No pensaba que tuviera que actuar tan rápido. Andrade era atractivo y los hombres de su estilo no solían darle grandes problemas. Vender este fármaco siempre era igual, no había otra forma de hacerlo, por este motivo se repartían los médicos entre los visitadores en función del género del especialista y las pocas urólogas de la provincia eran atendidas por un compañero. Clavó una vez más sus ojos en los suyos, inicialmente con convicción y seriedad.

- Mire Doctor, no le voy a engañar. Soy licenciada en Derecho, no puedo responder a su pregunta. Pero sí puedo garantizarle que el fármaco funciona. Yo misma lo he probado, quiero decir, he tenido relaciones con un hombre que lo había tomado. Si lo desea puedo dejarle un blister para que haga la prueba Ud. mismo.- Respondió mientras estiraba discretamente la mano en dirección a la del Dr. Andrade.

+ Señorita, no necesito probar cada fármaco que me presentan, me bastan los estudios clínicos y un buen visitador que sepa explicarme lo que me viene a vender....y no parece este ser el caso. Me está contando Ud. la misma patraña que se vende con el sexo tántrico sin un fundamento científico coherente...

"Qué bien. Me ha tocado cañero. No hay problema, en peores plazas hemos toreado...". Pensó Cristina para sí misma.

Irguiéndose de nuevo, Cristina inspiró y se atusó lentamente el pelo, bajando la mano de forma delicada hasta posarla en sus clavículas y añadió: - Verá Doctor, existen otro tipo de pruebas al margen de los ensayos clínicos que quizás le inspiraran más fiabilidad que unos cuantos números en un papel, un método más empírico y sobre todo, más cercano...-Dijo con voz cándida y seductora, cerrando la frase mientras dibujaba su labio superior con la punta de la lengua. Sintió en la mirada del Dr. Andrade como empezaba a tener la polla dura con la situación y supo que iba bien encaminada. Se repitió a sí misma un alentador "Sigue Cristina, sigue".

- Se que le puede costar creerlo. Pero yo lo he vivido.

Cristina hizo una brusca pausa dejando que el silencio invadiera la consulta y le miró fijamente para reforzar sus últimas palabras. Andrade no emitía señales, por tanto ella lo entendió como un semáforo en verde. La mano de la visitadora resbaló desde el cuello hasta el primer botón de la blusa y comenzó a desabrocharse mientras le acariciaba con la mirada. Él contemplaba la escena a la par que notaba como sus pantalones se hinchaban cada vez más. Terminó de desabotonar la blusa y se levantó, encaminándose hacia el otro lado de la mesa seductora hacia su presa.

Andrade disfrutaba silenciosamente el espectáculo, y cuando se quiso dar cuenta, tenía ese increíble escote delante con Cristina guiando con delicadeza su mano hasta el cierre del sujetador para permitirle hacer los honores. El médico y su pericia de Licenciado en Cirugía apenas necesitaron un segundo para mover las yemas de modo que el clic sonara con facilidad. Y ahí estaban, tenía ante sí unas tetas estupendas, grandes, de pezones oscuros, generosos y especialmente sensibles. Con seguridad no le cabrían en la mano pero tenían tanta caída que las podría manipular y bambolear a voluntad. Inmóvil, reparó en que Cristina había sacado de una de las copas una bolsita minúscula con una pastilla en su interior justo antes de dejar el caer el sujetador al suelo y la guardaba delicadamente en una de las palmas de la mano.

"Qué zorra... cómo lo tenía preparado".

Como si le hubiera leído el pensamiento, la vio sacar la pastilla de la bolsa, humedecerla ligeramente y dejarla pegada en uno de sus pezones para inmediatamente a continuación, ofrecerle su seno y su pezón rodeado por sus manos a modo de fruto sagrado.

"Qué puta. Cuántas veces habrá hecho este numerito...". Cristina llevó su pezón con la pastilla hasta la boca del médico, como si de un niño se tratara... Dejó hundir su boca entre las tetas, se metió el pezón en la boca y cerró los ojos por un tiempo indeterminado.

Andrade lamió y la tragó sin rechistar, y a falta de un vaso de agua, ella le agarró por la barbilla para besarle y empujar la píldora a base de lengua y saliva. Literalmente le inyectaba saliva en cada beso. La zorra besaba bien, muy bien, y con cada beso Andrade notaba la polla más dura pulsando por ser liberada. Mientras le besaba le agarraba de forma alternada los pechos hasta que instintivamente llevó de nuevo su boca a uno de ellos. Ella gemía con sus lamidas y le pidió que fuera un poco brusco "No me gusta que me laman como un perrito" , susurró. "Cómemelas fuerte y de forma muy sucia. Sé guarro conmigo, vamos, Andrade", acompañando estas dos últimas palabras de un movimiento que aprisionó su cabeza entre los acogedores senos de la visitadora.

Aquel "Vamos, Andrade" fue fatal y le llevó al orgasmo por primera vez. Se quedó descolocado, claramente se había corrido y ni tan siquiera se había tocado. Instintivamente miró hacia sus pantalones buscando la mancha de semen. Apenas había un par de gotitas de líquido preseminal pero no había duda, se había corrido sin eyacular, localizaba perfectamente el orgasmo en la próstata, como si hubiera disfrutado de media hora de estimulación anal y aun así seguía duro como una piedra. Cristina se dio cuenta de lo ocurrido y se levantó del regazo del médico para arrodillarse entre sus piernas. "Ahora te voy a sacar el segundo", espetó ella mientras bajaba la cremallera del pantalón y desabrochaba los boxer. Andrade cerró los ojos y notó el vaho décimas de segundo antes de que su polla desapareciera entre aquella boquita de piñón. Cristina no fue suave ni delicada, sino guarra y viciosa. Se la comió con ganas, brío, a ritmo fuerte y en ocasiones sorteando la arcada. Alternaba momentos en los que escupía su polla como Andrade sólo había visto hacer en las películas, utilizando la saliva a modo de lubricante para meneársela y hacerle una paja de dimensiones apoteósicas. Repentinamente volvía a metérsela en la boca , forzaba su garganta al máximo, se la metía y sacaba mientras recorría la punta haciendo círculos con su lengua al mismo tiempo que rozaba sus huevos con las uñas. Andrade la vio tan tan puta, comiéndole con tantas ganas, que pocos segundos después cerró los ojos y volvió a correrse. Ella se percató por el cambio en la respiración del médico y se limitó a besarle prolongándolo unos segundos de forma algo más suave.

No lo asimilaba. Era extraño, saboreaba la sensación del orgasmo pero sin quedarse exhausto, seguía teniéndola prácticamente igual de dura que cuando habían comenzado. Estaba absolutamente seguro, no había eyaculación, ni hacia dentro ni hacía fuera, lo único que sí sentía eran todavía más ganas de seguir follándose a esa hembra....

Cristina se incorporó mostrándole su desnudez de cintura para arriba. Le gustaba la caída de aquellas tetas, generosas, blandas y duras, cálidas. Andrade quiso volver a agarrarlas si bien ella se lo impidió, separándose unos centímetros de él para mirarle a los ojos mientras deslizaba la cremallera suavemente y dejaba resbalar la falda por sus caderas.

+ No llevas ropa interior. Qué zorra eres...

- Si... Y la zorra ahora te va a follar. Quiero esa polla dentro hasta que te reviente. Déjame que te monte...

Volvió a sentarse en sus piernas y le besó durante un par de minutos, inyectándole de nuevo saliva dulce y cálida, hasta que, en un momento inconcreto, Cristina movió la pelvis y de un golpe se penetró con la verga de Andrade, dura como los 15, 20 o 25 minutos previos, emitiendo un gemido ahogado de banda sonora a esa primera clavada.

- Mhhhhhhhhh

Le cabalgó cadenciosamente, más lento al principio para ir subiendo ritmo paulatinamente, las tetas botaban de forma descomunal, Cristina gemía y casi gritaba. La notaba chorreando hasta el punto de dejarle las ingles mojadas mientras le susurraba al oído "Córrete Andrade, yo lo voy a hacer. Córrete, córrete conmigo... Ahora..."

No daba crédito. Su polla no se alteraba y ya había tenido 3 orgasmos sin pestañear. Cristina lucía sudada y exhausta, pero apenas le duró medio minuto porque se levantó, cogió la palma de la mano derecha de Andrade y le escupió en los dedos medio e índice para darle la espalda y pedirle girando la cabeza hacia él en voz baja y entrecortada:

- Ábreme el culo, Andrade. Ahora vas a eyacular ahí. Quiero TU leche en MI culo.

Casi se corre de nuevo con aquellas palabras. Dilató el ano de Cristina suavemente, introduciendo primero un dedo, babeándolo más, metiendo dos deditos, y cuando ella misma se notó lista, se reclinó un poco para atrás y lentamente se la introdujo. Sorprendió al doctor con un culito glotón que le acogió sin miramientos. Ella le folló con el mismo vicio que había hecho minutos antes frente a frente. "Qué delicia de cuerpo, que hermosura de culo, que maravilla de agujero...".Cristina flexionaba las piernas y dejaba que Andrade llegara a lo más hondo de su ser mientras se acariciaba el clítoris por delante. "Así Andrade, así. Suéltame tu leche, caliente, con fuerza, y córrete otra vez conmigo... así..."

Andrade obedeció. Se fue, soltó el chorro de su semen caliente acompañado de un gemido ahogado y ahora sí, reconoció este orgasmo como los que acostumbraba a tener habitualmente. Ella se quedó inmóvil durante un par de segundos antes de retirarse con suavidad de su montura dejando resbalar algunas gotas de semen desde su orificio anal. Cristina no dijo una palabra y comenzó a vestirse. Andrade continuaba en la misma posición con la sensación de haber sido aplastado por una tuneladora. No lograba tener coordinación más que para respirar y aún no era capaz de albergar un único pensamiento claro.

Se quedó absorto y volvió al sentido común al oírla decir :

-Muy bien Dr. Andrade. No sé si esta demostración le ha parecido suficiente o desea que le visite nuevamente mi compañero Carlos Rodriguez, licenciado en Farmacia, quien podrá disipar con gran eficiencia todas sus posibles dudas...

+ No... muchas gracias... Me ha quedado sobradamente clara la eficacia del fármaco.

-Me alegro. Ha sido un auténtico placer visitarle, Doctor. Hasta otra ocasión. Y le tendió la mano.

+ Hasta pronto...

Al cerrar la puerta y recolocándose la falda , Cristina no pudo evitar sonreír al recordar por qué motivo se había decidido por aquel laboratorio. Claramente se debía al fármaco que tenía que comercializar y a los posibles métodos - más o menos ortodoxos- que estimularan las ventas. ¿En qué trabajo reputado le iban a pagar por follarse a hombres que se corrieran una y otra vez sin eyacular hasta el final? En esta ocasión sólo le quiso regalar cuatro orgasmos, pero sabía que la recaptación de serotonina se reactivaba a voluntad, si ella le hubiera dicho a Andrade que podía follarle 7 o 17 veces sin echar ni gota, así habría sido, pero hoy ya era tarde y Andrade era su tercera visita y por tanto, tercera sesión de sexo del día. Por mucho que adorase el sexo, ella también tenía sus límites ... y estos acababan en un marido al que también había que atender. Quizás algún día inventasen un medicamento que neutralizase un vicio, morbo y deseo como el que ella tenía de forma natural, pero sin duda alguna, jamás, jamás lo probaría.