Nymphomaniac...yo?

18.01.2014

Ha sido la película de moda estas navidades, la expectación generada por Lars von Trier especialmente al haberla fragmentado en dos partes y estrenarlas con un mes de diferencia (si no  tengo mal entendido, la segunda llegará este viernes). La primera parte mostraba dos escenas totalmente explícitas de sexo oral, pero a estas alturas de la vida , ¿a quién le excita una imagen aislada de una felación? . Estamos aburridos de verlo en internet. No es en absoluto para mi lo más reseñable de esta pelicula, lo que me deja reflexiva es la espiral de autodestrucción en la que se metela protagonista a través del sexo. Me figuro que mi reflexión habiendo visto únicamente la primera parte es muy distinta de lo que lo haría la semana próxima, ya que termina la película dejando entrever que la continuación es dura y la degeneración mayúscula.

Escribo estas lineas en el blog mientras escucho el último disco de Depeche Mode, que para algo voy esta noche a su concierto. Y no he podido elegir mejor banda sonora, es una música tan delirante como lo fue la película y como visualizo la vida de Marina en lo que está yendo de 2014.

Sí, delirante. Sexo, y mucho. Ocurre de todo, multitud de situaciones, intensidad por todas partes.

Hasta ahora, unos días Marina le comía terreno a mi personalidad A, otros días sólo aparecía a partir de las 18 de la tarde, otros ni se molestaba en pasar a saludar. Ahora mismo Marina está a un 100% y mi personalidad A está al otro 100%, de modo que al no poderme clonar, deliro...

Es un hecho irrefutable que cuanto más sexo tenemos, más queremos. Algunos días ha sido fácil. Cierras una cita y sabes que el premio llegará al final de la jornada laboral. Vuelvo a la dinámica en la que me excito al pensar en la emoción de lo desconocido, retocarme en el baño de la oficina para llegar perfecta al encuentro. Otros días, no quiero pensar en si Marina tendrá una cita, no me acuerdo de Marina y ni recuerdo encender el móvil o ponerle volumen. Pero el sexo me apetecía igualmente salvo que con vínculo y conexión con alguien al margen de Marina.

Me siento delirante porque ha vuelto a aparecer él. Todas tenemos un él y todos tenéis una ella. Mi él lleva 15 años entrando y saliendo de mi vida y ahora está casado y con hijos. Le quiero y he estado enamorada de él intermitentemente, supongo que porque nunca hemos podido tener una relación como dios manda salvo cuando éramos unos críos, y mejor así ya que uno de los dos posiblemente habría muerto en el intento... Cíclicamente, decidimos que lo mejor es dejar de tener trato, no tiene sentido, no es bueno para ninguno... pero nunca conseguimos estar más de 6 meses sin reaparecer uno de los dos. Lo llevaba muy bien, hasta que un día vi que había entrado a ver mi perfil de linkedin, supongo que para mirar la foto... Y ese es el efecto de linkedin, entrar en el perfil de alguien es decirle "Hola!! Estoy aquí, y me interesas...". Desde luego en este caso, el interés laboral es cero. Pero piqué y le escribí...

Comienzan de nuevo los correos, whatsapp y llamadas. El lunes, quedamos en vernos para tomar un café cerca de mi oficina.

Yo: Nos vemos en el bar de abajo a las 12

El: ¿Cuál? ¿El del polvo o el de la mamada?

(sonrisas silenciosas...)

Yo: El de la mamada... pero hoy el café, solo

Café y reencuentro, ponernos al día y me acompaña a hacer una gestión. En un momento dado no puedo evitarlo, es mirarle y desearle. Los dos tenemos un botón de arranque que sólo sabemos pulsarnos recíprocamente. Es plug and play. Caminando por la calle, hablamos.

Yo: Lo hemos hablado mil veces... no podemos ser sólo amigos... nos deseamos demasiado...

Él: Lo sé. Pero vamos ahora al otro bar.

Yo: No, no puedo. Tengo que volver a la oficina, llevo una hora fuera... Aunque...

Él: ¿Si?

Yo: La tercera planta de la oficina está vacía, y los baños abiertos. En la zona de señoras está el cuarto de limpieza. Yo paso por mi despacho a dejar las cosas y que vean que he regresado. Nos encontramos arriba en unos minutos.

Entramos juntos al edificio, el se dirige al ascensor y yo a las escaleras.

Da igual los meses que hayan transcurrido. Estar con él es como volver a casa. No hay luz al cerrar la puerta, nos alumbramos con su iphone. Enloquece con mi squirt, estando de pie. De cara a la pared, las palmas de mis manos sobre el frío azulejo y el vaho de mi boca que lo calienta. Su mano tira suavemente de mi pelo...

Es la primera persona con quien tengo sexo "civil" desde mi "profesionalización" , otros amantes que haya podido tener en estos meses estaban al tanto de las andanzas de Marina, básicamente porque habían conocido a mi yo más sexual en el último año y medio, y no mi evolución como persona desde la adolescencia. No me veía en la necesidad de ocultar nada. Él conoce TODO de mí, más que nadie, familia, trabajo, mis relaciones, mis miedos, mis éxitos, logros y miserias, salvo la existencia de Marina desde hace pocos meses. Ahora mismo me siento confundida, y sí, delirante...

Me preguntó claramente el otro día si estaba con alguien. "No, pero ya sabes, tengo mis líos...".

Sabe cómo vivo el sexo, que tengo una mentalidad muy abierta (de la que lleva beneficiándose todos estos años...), que soy promiscua (aunque creo que prefiere entender que suelo tener uno o dos amantes a quienes recurro, nunca me ha gustado traer gente que acababa de conocer a casa)... Pero si se enterase de mi vida en estos últimos meses, de que me prostituyo, principalmente, por emoción, vicio y morbo, sería el fin. Nunca lo sabría entender. Y supongo que le ayudaría a olvidarme de por vida y a no volver a reaparecer jamás. Con un sabor amargo.

Delirante. Pasada de revoluciones. Todo va rápido, mucho trabajo, prisas, carreras. Problemas en la oficina. De pronto se para. Cuando se para nunca hay relojes, nunca los miro. Ni tan siquiera llevo uno. Esos desconocidos con quien esta semana he cruzado unas palabras en la burbuja de una habitación mientras tomábamos una copa, hasta que el ligero brillo de sus ojos y un mirada furtiva me daban el pistoletazo para pasar de seductora gatita ronroneante a pantera. Delirante...

No me acuerdo de él hasta que regreso a casa en un taxi , esa sensación post orgásmica en el cuerpo y en el bolso. Si él supiera... Me siento tremendamente satisfecha pero confundida . ¿Sería capaz de estar con un sólo hombre por tiempo indefinido?. No lo creo... ¿Qué tendría que darme ese hombre para que compensara todas las renuncias? .

No sirve de nada planteárselo, porque sencillamente, no existe. Pero sobre eso, ya escribiré otro día.

Disculpad que haya escrito un post tan extraño, no descarto que sea borrado en algún momento.

Delirante, una vez más. Tengo las dos personalidades al 100% y han tocado esta pieza a cuatro manos.

Marina