Post de un cliente: ¿Cómo llegué a Marina?

03.01.2018

¿Cómo llegué a Marina? Muy buena pregunta

Fue en otoño, 2016, cuando por fin me decidí.

Algo me hizo contarle en mi primera llamada mi problema personal. Esa situación que me hacía buscar un encuentro íntimo con una mujer. Intimidad sexual pero también intimidad emocional, no un encuentro aséptico sin conexión. Y en esa búsqueda ya había pasado por algún episodio (decepcionante) que me hacía ir al encuentro, déjame decirlo así, de una MUJER adulta. Lo tenía claro, española y de una edad parecida a la mía, no por ese rollo MILF que parece estar de moda sino por la experiencia vital. Aunque fuese una conversación trivial escort-cliente que no pareciésemos de galaxias diferentes. No me veo hablando con una niña a la que le llevo veinte años, no suelo tener demasiados puntos en común. Muchos hombres al leer esto pensarán que una escort se contrata para follar y no para hablar. Los que piensan así a mi entender son muy machos pero poco seres humanos y su mujer objetivo de otra categoría distinta a lo que buscaba. Yo necesito las dos cosas.

A finales de octubre iba a asistir a una importante feria en IFEMA y en septiembre comencé a hacer los preparativos. Serían unos días libres de ataduras donde poder disfrutar del calor de una mujer, de unas caricias, de una mirada... La encontré en una página de escorts en la que se anunciaba a la que había llegado buscando a otra chica, quiero ser completamente sincero, con la que ya había estado. Abrí el anuncio y entré en su página personal, descubrí el blog y ahí comenzó el deseo, ese deseo que se hizo carne que tan bien conocemos...

Bueno, esta es la versión sencilla. La verdad es que lo primero que me llamó la atención fueron las medidas, 110, y la parte sexual de mi cabeza se puso en alerta. No lo voy a negar, me gustan las mujeres de verdad, con tetas y culo, y unos pechos generosos siempre han sido mi debilidad. Y ese nombre, Marina Costa, hizo que la parte racional pensase que ahí podía haber algo distinto e hice clic en el enlace. (Siempre he creído que hay nombres -y tarifas- de escort y nombres de puta que sabes que lo único que van a hacer es quitarte tu dinero). Leí el texto con atención y me di cuenta que aun siendo un texto de anuncio tenía algo más, había detrás una inteligencia, una madurez, algo que me hizo seguir investigando con mayor profundidad y no descartarla para quedarme con lo que ya conocía. Las fotos me gustaron, elegantes, discretas y a la vez quedaba claro lo mucha mujer que es, pero para mí fue el blog lo que me enganchó. Durante unos días estuve leyendo las entradas que más me iban llamando la atención y me di cuenta que eras realmente Marina la que hablaba allí, no un personaje inventado para hacer marketing, se veía que aunque fuese una vida B lo era porque ella así lo quería. Me transmitía inteligencia, seguridad en si misma, entrega a lo que le gusta y sobre todo SEXO, una carga sexual irresistible. Pero hubo algo que fue lo que me hizo realmente atreverme, que me hizo contarle esas cosas personales que tampoco haría falta que dijese para nuestro encuentro y fue que me pareció accesible, cercana, real, divertida. Con una forma tan natural de hablar de si misma, de lo que para otr@s son imperfecciones (la entrada sobre las gordibuenas me encantó), de su vida y así resultaste la elegida. Y fue el blog el punto clave, porque leyendo la página con atención (fantástico el diseño) me entró la inseguridad. La inseguridad de un hombre sencillo que vive en un mundo muy distinto de ese en el que parece siempre que se mueven las escorts de lujo: altos ejecutivos, empresarios exitosos, hombres de elevada cultura, de gustos refinados... Os lo aseguro, me costó llamar.

Podía simplemente escribir un correo y pedir la cita: tal día, tanto tiempo, en tal hotel pero quería contarle lo que me pasaba. Quizás ahora puede parecer que lo que dije fue una forma curiosa de hacerme el interesante pero simplemente sentí que su claridad, su honestidad merecía ser correspondida. También pensaba que podía decirme que no. Estaba tremendamente inseguro en aquella primera llamada, sin embargo me escuchó y me sentí acompañado. Fui muy importante para mí. Esto es un poco sentimental y quizás no os sirva para el discernimiento, pero en mi caso fue decisivo. Su voz hizo que esa primera llamada no se hubiese quedado en una consulta como tantas que recibirá.

Después de sugerencias por su parte para nuestro encuentro al final decidí quedar con ella en la cafetería de mi hotel por la tarde y tomar algo antes juntos. Bajé de mi habitación con tiempo, me senté en una mesa desde la que se viese la entrada y esperé. Tuve esa sensación, que hacía tantos años que no sentía, del primer encuentro con alguien que te hace mucha ilusión, la sensación de tener una cita. Entonces la vi llegar, preciosa con aquel vestido azul y su sonrisa. Su rostro y esa sonrisa fue lo primero que vi. Supe que no me había equivocado. Aunque solo tomásemos algo y no hubiese nada más me habría encantado. Naturalmente me fijé también en lo obvio en su caso, ese cuerpo magnífico bajo aquel vestido de punto ajustado que escondía la piel pero decía a gritos: que buena estoy.

La saludé, nos presentamos, se sentó a mi lado. Pidió una copa de vino blanco y comenzamos a hablar. Todo fue muy fácil, conectamos desde el primer momento y cuando me siento cómodo me doy cuenta que quizás hablo demasiado, sé que podría haber estado hablando durante horas. Recuerdo poner la mano en su muslo, creo que ella me invitó a hacerlo, sentí su calor a través de las medias negras y la erección en mi pantalón fue inmediata. Lo estaba pasando tan bien que tuvo que ser ella quien sugiriese subir a la habitación.

Naturalmente acepté la invitación porque ya había llegado el momento. El momento de liberarme de ataduras y ofrecerle mi otro yo. El yo sexual que necesitaba satisfacción. El intercambio fue breve porque así estaba acordado pero muy intenso. Su cuerpo y el mío descubrieron algo en lo que eran complementarios, los pechos de Marina y mi polla, en una cubana deliciosa. Un encuentro caliente y divertido muy natural, todo fue sucediendo como si nos conociésemos de antes (sacarnos fotos y que se las mandara a su novio fue genial, me hizo sentir el macho alfa con la hembra más sexual del universo).

En fin, mi impresión después de nuestra cita estaba clara. Mis expectativas habían sido satisfechas con creces. No me gusta escribir esto pero no pensé en el dinero empleado. En otras ocasiones, según creo y como contarían otros hombres si son sinceros, te quedas con una sensación de sexo pagado que enturbia el recuerdo del encuentro. Esa sensación es la que hace que no repitamos con la misma chica. Por el contrario, mi sensación fue que quería más. Supongo que es lo mejor que se puede decir: quiero repetir contigo.

Repetimos, más tiempo, probamos otras cosas, nos hemos conocido más y siempre nos hemos divertido. Encontré en Marina una buena compañía, no en el sentido solamente sexual. Eso es lo más importante para mí como dije al principio. No soy un putero de citas de 30 € la media hora; a un par de calles de mi casa hay un piso de chicas 24 h donde tendría una brasileña o una rumana distinta cada día pero no es lo que busco. Muchos dirán que éste es un argumento hipócrita, que pagar por sexo es siempre igual, pero yo necesito un ser humano, con Marina lo he encontrado y no me siento sucio, ni siento que me estoy aprovechando de ella cuando te vas. Siempre que he estado con Marina mi primer pensamiento es cuando podré volver. Aunque quizás el hecho de que no podamos estar juntos con más frecuencia es mejor, ¿y si nos volviéramos rutinarios?.

En fin, si alguien lee esto quizás piense que soy otro palmero más pero estoy casi seguro que será alguien que no la conozca. Y si lo piensan no me importa, estos son mis recuerdos y mis sensaciones de Marina.

Ah, una cosa más que me ayudó a elegir, y es el que no fume. Odio estar con ceniceros.

Fdo: Melchor