Tres años citándome con Marina

10.10.2019

El otro día en un intercambio de correos cerrando una nueva cita me preguntó Marina: ¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos? Tres años, difícil de creer. El tiempo pasa a una velocidad asombrosa. Y me preguntó cómo son las cosas desde nuestro primer encuentro.

Tengo que admitir que al principio la respuesta parecía fácil, incluso breve, quizás no daría para un post. Sería muy fácil recapitular tantas sensaciones, tantos momentos compartidos en un par de palabras: es maravilloso. Pero la pasión que se desata con ella merece el esfuerzo de algo más.

Empecemos por el principio, todas las historias tienen un comienzo y ésta empezó de la forma más convencional: un viaje de trabajo a Madrid y un directorio de escorts buscando simplemente un rato de sexo después de atender a mis obligaciones profesionales. No tenía una idea preconcebida, quizás solo la edad, mayor de 30, y una cierta inclinación por las curvas pero sin descartar nada. Buscando entre fotos de perfil encontraría alguna que me despertase el interés y si no aparecía ninguna pues nada, sería siesta y canal de streaming.

De repente allí estaba su perfil y para qué negarlo, la elección fue fácil. La actitud que transmitía el texto del anuncio y el físico evidente en las fotos me atrajo como una polilla, y se convirtió en la elegida. Fue una cita muy sencilla, una copa juntos en un bar, luego al hotel. No tenía ninguna pretensión de que se fuese a repetir. Sin embargo, en cuanto nos despedimos y la puerta de la habitación se cerró ya tenía la sensación de que me había sabido a poco y que tendría que repetir.

Y repetí, claro. Y de cita en cita han ido pasando estos tres años. Durante este tiempo hemos intentado que cada cita tuviera algo diferente y han pasado cosas, unas mejores, otras peores que han quedado en la privacidad de nuestros encuentros. Sin embargo lo que nunca ha cambiado ha sido la confianza y la conexión que hubo desde el principio, aunque sigo poniéndome nervioso al comienzo de cada cita como la primera vez, y el fuego sexual con el que ella llega a cada encuentro. Un fuego que en alguna ocasión fue tan intenso que no pude estar a la altura pero que me hechiza de tal manera que cuento los días para volver a verla desde el momento en que la oigo alejarte por el pasillo del hotel. Llamadlo hechizo, seducción, lujuria o encoñamiento, si queréis. El caso es que han pasado tres años y no puedo dejar de repetir.

En fin, cuál era la pregunta: ¿Cómo son las cosas desde nuestro primer encuentro? Pues mi respuesta es, distintas, pero iguales. Lo sé, lo sé, es una respuesta poco clara pero es que en tres años las vidas cambian e inevitablemente llegamos con esos cambios cuando nos encontramos con otra persona, somos seres humanos, y eso se nota, pero lo que sigue siendo igual son las ganas hacernos felices y gozar en cuanto entra en la habitación.

Una vez entre copa y copa salió en la conversación si alguna vez dejaríamos de vernos. No me acuerdo que dijimos, no hay nada eterno, pero en este momento no puedo dejar de pensar que ha pasado mucho tiempo desde la última vez. Por eso tengo que volver, ¿verdad?...