Tú que le entiendes (un post de ÉL para vosotros)

15.10.2015

Hace unas semanas, con motivo de nuestro primer año juntos, tuve ocasión de recibir un regalo de mi pareja tremendamente especial., algo que nunca habría imaginado: un post. Pero en absoluto era un post para mí, sino para vosotr@s quienes paráis por este blog. Heme aquí dispuesta a transmitiros su mensaje sin cambiar ni un punto ni una coma, si bien, permitidme que aporte mi granito de arena con una foto reciente que nos ayude a todos a recordar quién es el cuerpo que ha inspirado esas palabras... Por mi parte sólo puedo pediros que sigáis disfrutándome tanto como yo deseo que lo hagáis...

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Estoy muy orgulloso. Mucho. Y tengo necesidad de contar por qué. Pero no puedo compartirlo con cualquiera; al menos no puedo destaparle a todo el mundo muchos de los motivos. Hay ciertas cosas que no puedo expresar a mi familia. Por diferentes circunstancias, tampoco los amigos más cercanos pueden recibir, al menos de golpe, ciertos detalles. Algunos de ellos podrían llevar la conversación a una similar a la que encabeza este post...

Pero puedo contártelo a ti.

Estoy muy orgulloso de mi mismo porque hace un año le di un vuelco a mi vida. Por haberme jugado muchas cosas, por haber sido valiente. Por haber elegido el camino menos cómodo, quizás el difícil, pero por haber sentido que era el debido y no haber titubeado. Fui yo. Elegí. Y cada mañana, cuando amanezco al lado de la mejor persona del mundo, doy gracias por lo bien que lo hice. Me sale un "toma!", a lo Nadal.

¿Alguna vez has tenido la sensación, sincera y completa, de estar con la persona con la que debes? El verbo en este caso no indica obligatoriedad. O sí, pero una obligatoriedad positiva. Yo estaba obligado, debía encontrar a alguien como ella.

Cierto es que cuando uno lleva poker, todo se simplifica. Y mi chica es una baraja entera de ases...

Me quiere, me cuida y me adora. Me mima, me besa. Me calma, me seduce y me hace reír. Me toca, me sonríe, me abraza... Todo. Y a todas horas. Y hace muchas de esas cosas, de corazón, también con mis hijos. Nuestros hijos. Y encima es admirable en todo lo demás que no tiene que ver conmigo.

Se dice rápido, en unas pocas líneas, pero es algo que me llena.

Y me folla. Bueno, más bien, ME FOLLA.

Me pide, me exige, sexo al acostarnos, en mitad de la noche y al despertarnos.

Me recorre con su lengua, me empapa los labios.

Se mete mi polla en la boca en cuanto tiene ocasión.

Le brillan los ojos y se relame cuando nos cruzamos por el pasillo y me nota el paquete hinchado.

Me manda mails donde me relata qué escena golfa se está imaginando con la visita del (o de la) comercial de turno en la oficina.

Se hace fotos y vídeos en el baño masturbándose.

Me insinúa si voy a la hora de comer a follármela en los baños de un restaurante.

Me relata al oído y entre gemidos cuánto le apetece ver cómo se la clavo a otra.

Salimos de copas y me descubre que va sin bragas.

Selecciona los mejores vídeos porno para ver juntos.

Me descubrió el squirting y me empapa cada vez que se corre.

Se vuelve loca de placer cuando le sobo las tetas. Cuánto más bruto, mejor.

Se emociona como la primera vez cada vez que descubre sus bragas húmedas. Y me las da a probar.

Me pide leche en la boca, en las tetas, en la cara. Le encanta.

Me la pone tan dura.

Tú, que has estado muy cerca o incluso has saboreado parte del delirio que es esta mujer, me envidias. Si no lo hicieras, serías un inconsciente. Pero quiero dejarte claro que no es esa mi intención al detallarte todo esto. Yo también te envidio a ti en parte: nunca podré concertar una cita con ella como tú lo hiciste. Esa incertidumbre por ver si lo que habías estado leyendo en sus posts se plasmaría con la misma intensidad en una barra de bar, en un jacuzzi, en una cama de hotel... Esa sensación de placer de acabar de conocer a alguien y sentirla absolutamente entregada.

Tanto si eres de los que no llegaron a ese punto, pero te mueres de ganas de saborear esas tetas, esa boca, esas curvas... como si quieres volver a vivirlo, estás a tiempo de unirte a nosotros en alguna de las próximas aventuras. Compartir es vivir.

Estoy muy orgulloso de mí mismo.

Pero sobre todo estoy muy orgulloso de ti, nena. Mucho.