Un trío cualquiera: inigualable, irrepetible, inmesurable

20.04.2015

Hace ya algunos meses, cuando sin saberlo se acercaba el fin a la etapa anterior, tuve opción de vivir una experiencia de esas que merece la pena dejar recuerdo en forma de relato e imágenes.

Apareció en mi vida un huracán sexual con ansias de entrar en el mundo escort, de modo que para ayudarla le ofrecí a un encuentro a tres con uno de mis mejores clientes. Unos días más tarde él me remitió un relato de la vivencia que, nuevamente, os transcribo sin haber modificado en lo más mínimo.

BELLE DE JOUR

Soy un afortunado.

Desde que el mundo es mundo, los hombres, siempre hemos querido desvirgar a una mujer.

Bien, yo he sido más afortunado, ya que he sido invitado a convertir a una "respetable" mujer normal, en una puta.

Bueno, me equivoco. No es una mujer normal. Es una mujer excepcional.

Empezaré por el principio. Marina me comenta un día que su amiga S. quiere tener la experiencia de ser puta por un día.

Y me ofrece la posibilidad de ser yo quien la inicie en la profesión mas antigua del mundo.

Lo hablamos, buscamos estrategias y posibilidades y al final decidimos reunirnos en un hotel XX de 5*****.

Pero hay que hacer las cosas bien.

Si quiere ser puta tendrá que pasar por algunas pruebas. No todo puede ser fácil.

Marina, es una amiga, mujer, muy mujer, muy hembra, con pecho precioso, grande, pesado, increíble, para perderte en el, comerlo y mamarlo y volver a perderte en el, y muchas curvas, morena, morenaza. La típica, no tan típica, mujer española. Una mujer sensible, cálida y dura, porque la vida la ha hecho buscarse la vida, en todos los sentidos.

Es muy cariñosa, y puede hacerte creer fácilmente, que es tu novia, tu pareja, tu amiga, tu...

Decidimos una pequeña estrategia. No se lo podemos poner demasiado fácil. Si quiere ser puta, tendrá que ser puta.

Hay que buscarla un nombre y una identidad. Bueno se llamara Sara, por que se me ocurre. Y trabaja en seguros, por ejemplo, porque hay muchos y no compromete.

Tiene que venir sola, a enfrentarse a lo desconocido.

Ella sabe de mi por Marina, pero no es lo mismo. Yo puedo ser un cabrón. O ponerme chulo. Ella no lo sabe ni me conoce.

Ok.

Quedamos en el hotel M. y yo media hora antes.

Estamos tranquilamente tomando una copa, Whisky y vino blanco, cuando llama por el móvil.

  • ¿Donde estáis?.
  • En el bar.
  • ¿Eso es abajo?
  • No sé - responde Marina.- Tendrás que buscarlo...

Una puta no tiene a quién preguntar.

Escalera de caracol, difícil, la veo bajar, vestido corto con una especie de collar dorado y muy escotado en los laterales. Ojazos. Muy pintados en oscuro, brillantes, que la definen unos ojos marrones preciosos. Grandes. Botines de tacón alto que la hacen excitante al bajar la escalera con el vestido, dorado, justo un poco corto. Se lo puede permitir.

Nos sentamos en una mesa baja. Yo en el centro. Una morena, morenaza, a mi izquierda, Marina, y una rubia a mi derecha, Sara, preciosa.

Como todavía no es puta no sabe que no se pueden llevar perfumes muy fuertes. Me encanta, yo no tengo problemas, pero si... tuviera una mujer en casa esperando, habría sido un claro error de principiante.

Sara es como 'Betty Boop'.

Cara de niña, aunque ya no lo es. Taytantos. Muy guapa, ojazos muy grandes. Pechos pequeños. No tanto.

Nos tomamos una copa, juegos de manos, juegos de piquitos, juegos de roces. Me gusta provocarla en público para que se dé cuenta de donde y a qué estamos.

Hablamos un poco de todo, de lo humano y lo divino, y yo creo que hablo demasiado, lo cual es raro en mí, y a cenar. Disfruto el camino desde el sofá donde hemos tomado la copa hasta el ascensor sintiéndome el foco de las miradas, llevando a una rubia de un brazo y a la morena del otro. Marina lleva un vestido ajustado negro con escotazo y sin sujetador...

Restaurante anodino de hotel de lujo. Bastante lleno. Comida insípida, lenta y mal servida. Si pides algo crudo lo quieres crudo, pero que más me da. No he venido a cenar.

Y el crudo lo tengo a mi lado.

Imaginaos la escena.

No sé por qué, Marina siempre a mi izquierda, ya nos conocemos, hemos estado juntos y tenemos un buen 'feeling'. A mi derecha, Sara, nerviosa, juego de manos, algún beso en la boca en publico, que no rechaza.

Alrededor 10 mesas que no paran de observar que hace un tío de casi 60 años con dos pibones, jugando con las dos a las manitas, los besitos, todo el restaurante pendiente de nosotros. Menudo morbo.

Los camareros, mas jóvenes, alucinaban.

Había una pareja de aspecto holandés en la que ella nos veía, pero el no ya que estaba de espaldas a nosotros. Ella le narraba la batalla y él, cuando pensábamos que no le veíamos, se volvía a mirar. Menudas risas.

Termina la cena.

  • Nos vamos a empolvar la nariz, a ponernos guapas.
  • ¿Más todavía?
  • Bueno, nos vestimos de guerra, y te llamamos cuando estemos listas.
  • Ok.

Me pido un whisky, y me dedico a observar al resto de los comensales.

Siempre me ha gustado observar a los demás, es muy instructivo.

Suena el móvil.

  • Puedes subir.

No se quién esta más nervioso, si Sara o yo. Seguro que yo.

Llamo a la puerta y me abren a medias.

¡Coño!.

Me he adelantado.

Me habían dicho 5 minutos y el ascensor, que es complicado, a veces no tarda nada o tarda una hora.

Me secuestran en el cuarto de baño.

Por fin puedo salir.

Medias, ligueros, sujetador.

Sara es una mujer con experiencia, pero no en estas lides.

Lo primero, saco de mi bolsillo el dinero convenido.

  • ¡Toma!. - Le entrego el fajo de billetes- Cuéntalo.

Tiene que saber a que viene. Y viene a eso.

La oigo suspirar, se levanta y lo guarda.

Ellas están más o menos desnudas, pero yo no.

  • Quiero que me desnudéis.

Se ponen de pie, y cada una por una lado, comienzan a aflojar la corbata, soy un clásico, camisa, pantalón etc.

Nos tumbamos en la cama.

Por todas partes besos, bocas, tetas.

Las de Marina, grandes, pesadas, preciosas, sensibles.

Por que Marina, a pesar de su coraza, es una mujer dulce y sensible.

Sara, pecho casi de niña. En forma de lagrima, muy bonito y muy sensible.

Y, se empiezan a querer. Y se quieren.

Los besos de Marina son dulces, cariñosos, largos y sabrosos.

Los besos de Sara, son salvajes. Te mete la lengua como si te follara la boca. Tiene una lengua larga y fuerte y que maneja muy bien.

Ambas se gustan, si bien tal vez, Marina esta mas quedada, que no enamorada, de Sara.

Ver a dos mujeres amarse, besarse, quererse es lo más bonito del mundo.

El cuerpo del hombre no es estético. El de la mujer, precioso. El de estas dos hembras, delicioso.

Ver a dos mujeres, tan distintas, pero tan iguales, tan eróticas, tan salvajes. Tan putas, es un privilegio.

Disfruté un montón.

Empiezo a jugar con sus pechos y sus coños. Sí, coños. Son distintos, claro. Marina es súper sensible y es capaz de correrse 5, 10, 20 veces y además eyacula.

Sí, eyacula, y lo he visto, y lo he sentido en la mano, y en la polla.

Su vulva te encierra la mano, o la polla y casi te la echa fuera.

Y se corre. Se corre como un hombre pero mas suave.

Sara.

Sara es un animal erótico. Es una bestia.

Es sensible al pecho, cuyos pezones están siempre erectos. Siempre. Imposible no llevárselos a la boca.

Es sensible al clítoris, al punto G, que existe. Lo juro.

Al ano también, más si cabe aún.

Cuando se corre, que se corre, parece que se va a morir.

Arquea la espalda. Abre los ojos, como si se le salieran de las orbitas pero te mira, y no te ve. Está en otro plano, físico y temporal.

Cuando entra en éxtasis, no le importa nada. Esta en otra nebulosa, en otro tiempo, en otro lugar. Se corre una vez y otra y otra, y te mira y no te ve. Y no quiere verte. Con los ojos grandes abiertos, mirándote, pero mirándote a través de ti. En el fondo no te ve.

Solo disfruta. Y disfruta. Le da igual hembra que macho, culo o teta, clítoris o ano.

Excepcional.

Luego vuelve, y se corre otra vez y otra, y las dos a la vez.

Una locura.

Comienza una orgía de yo te lo como, tu me lo comes, yo te la meto, tu me la metes....

2 horas de sexo salvaje. Disfrutando ellas y yo. Ellas con ellas y conmigo. Creo. Y yo por supuesto con ellas.

El resto es historia pasada.

Pero nunca olvidaré que un día, una noche, convertí una mujer en puta. Y el primero que la pagó, para lo bueno o para lo malo fui yo.

Y disfrute muchísimo.

Y creo que ellas también.

No creo que esto se pueda repetir en mi vida, ni en la vida de mucha gente.

Me siento un privilegiado.

Belle de Jour.

Belle de Jour, es la historia que toda mujer tiene dentro pero no se atreve a realizar.

Solo algunas, muy fuertes, por necesidad, por convencimiento o por vicio, lo pueden hacer.

Y son capaces de dar el paso.

Es ser puta, por ser puta.

Lo que significó para ella no lo sé.

Espero saberlo algún día.

Besos a las dos.

Disfrute muchísimo.

Os quiero. Gracias.

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Aquella noche fue brutal, tan brutal, que un par de días más tarde propuse a mi cliente un segundo encuentro en el que poder hacer una sesión de fotos juntas. Alquilamos una suite en el Hotel Silken Puerta de América, una de las fabulosas habitaciones blancas de Zaha Hadid, y jugamos durante horas a desvestirnos, comernos, chuparnos, masturbarnos, follarnos con un arnés, corrernos, a chorro incluso... La cámara finalmente circuló de mano en mano y las instantáneas acabaron plasmando todas combinaciones posibles de 2 en 2. Las dos imágenes que acompañan este post son prueba de aquella noche, en la que, al igual que ocurría en todas mis citas, nosotras nos corrimos por última vez al cobrar nuestros honorarios de putas por amor al vicio.