Una cena especial

28.05.2017

En ocasiones recibo regalos en forma de vivencia que me hacen cuestionarme eso de "qué he hecho yo para merecer esto", en el mejor de los sentidos. Ocurrió en un céntrico hotel de 5 estrellas de la capital, por casualidad el co-protagonista de esta historia logró dar conmigo a última hora del día anterior y los astros quisieron que yo pudiera organizarme para el encuentro. Apenas sabía nada de él salvo un nombre (¿real? ¿inventado? ¿acaso importa?) y le supuse unos 50 años por el tono de voz.

Qué agradable es acercarte a la puerta del hotel y que se te aproxime alguien con una sonrisa de oreja a oreja, contento de verte. Es imposible no empezar con buen pie de esa manera. El hotel en cuestión es uno de mis favoritos en Madrid, no por sus habitaciones (poco lucen para sus 5 estrellas), pero sí por su bar y mejor aún, por su terraza. El ambiente que proporcionan te sacan de la ciudad durante el rato que estás allí.

Pasamos a cenar directamente, la conversación fue ganando cuerpo y recuerdo como, además de una interesantísima charla sobre literatura, finanzas y cuestiones profesionales, divagamos un buen rato acerca de conceptos como la fidelidad, libertad sexual, mundo swinger y sexo de pago. Me encontré con un hombre excelentemente educado, gran conversador y con el punto de ironía que me gusta. Este caballero compartió conmigo cómo hasta hacía poco tiempo, con motivo de su trabajo contaba con una red de conocidos y amigos con quienes charlaba a diario y lo disfrutaba contento de que llegase el momento común al final de la jornada. Puedo imaginármelo recibiendo a cada uno de sus amig@s con la misma sonrisa con que me recibió a mi... Lamentablemente, hacía poco tiempo estas circunstancias profesionales cambiaron y ya no coincidía con el grupo, lo que le llevó a sentir una carencia de cercanía, interacción, amistad...

Y entre a otras, me buscó a mi para recuperar un trocito de esos momentos.

Me pareció brutalmente tierno y me entraron ganas de levantarme a darle un abrazo. Como era de esperar, se nos fue la hora con la cena, que es lo que evidentemente ocurre cuando te sumerges por completo en la conversación. Nuestra charla me hizo sentirme tan próxima a él, que el siguiente paso que quise dar suponía acercarme más, acercarle a mi, a mi interior ...

... y sentirle dentro.

Una vez en la habitación, se sentó en la butaca y me sorprendió con una petición: desnudarme a golpe de "You can leave your hat on" . A falta de persiana de lamas con la que poder jugar a contraluces, terminé mi striptease dándole la espalda y sentándome levemente sobre él con los últimos acordes...

Gracias por el regalo.

Si te apetece que repita striptease, recuerda traerme un sombrero.

Es lo único que voy a dejarme puesto...

M.