Una sesión fotográfica inesperada

31.08.2013

Mi cita del jueves por la tarde salió genial. Voto porque todas las citas sean la mitad de naturales, morbosas y placenteras que lo ha sido esta.

Se marchó antes que yo del apartamento por horas y mientras yo me retocaba el maquillaje, eché un vistazo a mi móvil personal: tenía un mensaje de mi amigo J. proponiéndome ir a tomar algo a su casa. Le conozco desde principio de año, hemos quedado unas cuantas veces a solas y salvo un día de copas que me trajo a casa con el coche e intentó besarme, no había ocurrido nada, aunque yo tenía bastante claro que le gusto.

En un taxi camino de su casa, duchada pero con la huella de las sensaciones del polvo de apenas media hora antes, pensaba en como me gusta que se solapen mis dos vidas, que en definitiva son una sola. Cómo paso mi jornada laboral con normalidad, la enlazo con encerrarme en una habitación con un hombre a quien no conozco para ser la amante suave, sensual, cariñosa, que gradualmente sube temperatura y ritmo hasta convertirse en fuego. Y como media hora después estoy a punto de llegar a casa de un amigo que no sabe nada de la vida oculta de Marina a tomar inocentemente una copa mientras charlamos sobre lo que hemos hecho desde la última vez que nos vimos.

Y eso estuvimos haciendo, con una botella de Albariño sobre la mesa, algo de picar, risas, y por qué no decirlo, unas cuantos cruces de piernas por mi parte buscando provocarle. La botella fue bajando y me hizo la propuesta "Oye... tengo la cámara y el foco aquí... Estás muy guapa hoy, ¿quieres que te haga unas fotos?".

Y así es como ocurren las cosas en esta vida... Yo andaba pensando últimamente en hacerme una nueva sesión de fotos, estoy más delgada que en las anteriores y morena por el verano. Pero no me acababa de lanzar porque en mi experiencia anterior, me sentí algo extraña teniendo que mirar a la cámara a un hombre a quien "debía" seducir con mi mirada y mis movimientos, con su novia al lado (la maquilladora...) y presupongo que sin interés sexual por su parte hacía mi. De modo que mi amigo me lo puso en bandeja: un fotógrafo amateur con un buen equipo, un hombre al que provocar y con el que poder dejarme llevar, sintiéndome guapa, sexy, sensual y sexual , unas fotos más naturales y sobre todo, reales. Unas fotos que posiblemente utilizaría en este blog para seguir sintiéndome deseada y puta.

Desde ese momento me adjudiqué la botella de Albariño porque hasta que entras en materia, da un poco de vergüenza sentirse tan observada. Empezamos con unas cuantas fotos de cuerpo entero, retratos, fotos para regalar a mi madre con un marco o ponerla de perfil en linkedin, jaja. Progresivamente iba sintiéndome más cómoda y él me animaba a que le sonriera, le mirase picaronamente... Francamente, hacer esto con alguien a quien gustas es tremendamente fácil y divertido. La botella de vino bajaba y el vino subía a mi cabeza... Me animé y le pregunté si quería que me quitara el vestido y siguiéramos en lencería. Llevaba un bonito conjunto de encaje gris con tanga y su cara al verme salir del baño era la de un niño el día de Reyes. Pasé un buen rato posando sensualmente de pie, pero me iba animando, me dejaba llevar y jugaba a mi ritmo, pasando los dedos por mis labios, acariciando lentamente mis pechos, bajando desde la barbilla hasta introducir un dedo en el canalillo...

No sé bien en qué momento me di cuenta de que él tenía una erección, pero desde luego, cuando dejé colgado mi sujetador del soporte del foco, él ya llevaba un buen rato como un toro. Creo que fue entonces cuando me preguntó si me importaba que se pusiera unos pantalones de deporte para estar más cómodo. Me encantó verle así de cachondo, aunque creo que durante toda la noche estuve bastante más cachonda yo... Siempre me he excitado con el alcohol, y el jueves se daban todos los elementos: venía de tener sexo, el alcohol, la situación, un hombre al que provocar, sentirme tamaño objeto de deseo...

Únicamente con el tanga empecé a posar para él en el sofá. A acariciarme los pechos de forma más dura, ensalivar mis pezones, lamerlos, jugar con ellos. Y me dejé ir, no pensé en nada, sólo disfrutaba el momento y de vez en cuando le preguntaba a él si estaba bien, no se ni cómo podía aguantar haciendo fotos con la erección tan brutal que tenía, yo no podía frenar disfrutar de mi cuerpo y cada vez marcaba más fuerte. Introduje una mano por dentro de mi tanga y empecé a acariciarme mientras con la otra me agarraba un pecho. Estaba totalmente húmeda, y en un momento dado, estiré el brazo y saqué de mi bolso el neceser que lleva Marina para las citas: preservativos, toallitas, un plug anal, un consolador y un vibrador pequeñito. Cogí mi consolador rosa especial punto G, él ni pestañeó... Pensé para mí que debe estar acostumbrado a que sus amigas saquen consoladores de su bolso a todas horas, como quien saca el colorete... Ninguno de los dos hablaba, sólo la música de fondo y mis jadeos. Jugué con el consolador en mi boca para lubricarlo y a partir de ese momento mis recuerdos se convierten en una gran nebulosa en la que se entremezclan imágenes, el recuerdo del calor, la suavidad de mi piel y la humedad de mi boca y mi entrepierna.

Llegué a casa en un taxi con una borrachera más que considerable y todas las fotos en la tarjeta de mi móvil. A la mañana siguiente, antes de levantarme para ir a trabajar, les eché un vistazo rápido y no salía de mi asombro. No recordaba que hubiera ocurrido nada entre nosotros, pero sí sabía que yo me solté muchísimo... La última foto muestra mis dos manos separando mis labios mayores... y otra mano que introduce el consolador y me acaricia el clítoris con el pulgar. Su mano.

A lo largo de la mañana me iban viniendo imágenes sueltas. Él de pie, desnudo. Yo tumbada en el sofá, con la botella de champán descorchada y sus efectos tras dos horas agitándola... Él otra vez de pie, desnudo, su pene entre mis pechos. Pero me preocupaba no recordar si nos habíamos acostado o no... Le pregunté y me dijo que no, que sólo habíamos jugado... Y que le había dejado el sofá, el suelo y la mesa perdidos...

Es una lástima que no pueda poner fotos de las caras, porque verdaderamente, es lo mejor de toda la sesión. Me gusta mi cara excitada, y sobre todo, tener la absoluta certeza de que son las fotos más naturales que me he hecho en mi vida.

Ya os las enseñaré... ¡Esta vez me toca a mí editarlas!

Un dulcísimo beso,

Marina