Vidas de ida y vuelta (a empezar...)

19.11.2015

Esta noche he recibido un mail muy bonito que me ha hecho reflexionar. Alguien que se definía como seguidor de mi blog, ha hecho un muy buen resumen de lo que he podido mostrar a través de mis letras y lo que ha ocurrido en mí en estos 2 años y medio.

Me ha llevado a pensar en la fascinante capacidad que tenemos de reinventarnos algunas personas. Y digo algunas, porque otras, por decisión propia, colocan sus 3 pelos tras la oreja el día que cumplen 25 años y no vuelven a moverse de ahí. En ocasiones (las menos, creo), por estar a gusto y felices con lo que tienen y no necesitar ni ambicionar nada más. En otras, por incapacidad, miedo o temor para dar un paso que les saque de la zona de confort . Los de "Más vale malo conocido que bueno por conocer".

De los que nos reinventamos, distingo nuevamente dos tipos: 1) Aquellos quienes ante unas determinadas circunstancias de la vida que de alguna forma alteraban su bienestar y felicidad, se vieron obligados a tomar una decisión que produjera un cambio sustancial a mejor. 2) Aquellos quienes ante unas determinadas circunstancias de bienestar y felicidad, ambicionan aún más. "Estoy bien con lo que tengo por el momento, pero en el futuro me gustaría esto otro".

Yo misma me he reinventado ya unas cuantas veces en los últimos 17 años dentro de los dos supuestos de mi clasificación, por elección y por imperativo. Empezando a estudiar, dejando los estudios para independizarme siendo una cría y comenzar a trabajar, posteriormente volviendo a estudiar para cambiar de profesión... Eligiendo un novio que años más tarde se convirtió en marido, hasta que un día retrocedes los avances de los últimos 13 años y vuelves a la soltería. Hasta entonces pensaste que tendrías una vida "tradicional", con marido, trabajo estable, niños, vacaciones en la playa y escapadas por Europa. Pero un buen día, todo tu esquema se desmorona, y ves cerrar una puerta para encontrarte ante otras distintas por las que continuar. Porque para mí, quedarme en un distribuidor rodeada de puertas, nunca fue una opción.

En aquellos primeros tiempos sin pareja, y antes de "soltar" a la fiera Marina, empecé a frecuentar webs de ligoteo. Curiosamente quedaba con hombres que luego resultaron tener el mismo perfil de los clientes de Marina: empresarios / ejecutivos entre 40 y 50, exitosos (o eso vendían, que les fuera comprado ya es otro tema...), con gusto por y para la buena vida, y (esta es la única diferencia con los clientes...) , divorciados con o sin hijos. Al principio me fascinó encontrar gente que te contaba* como habiendo sido militar de carrera en la Guerra del Golfo, pasó a la reserva transitoria en el Ejército con la intención de montar una empresa de bartering mientras invertía su capital privado en la especulación inmobiliaria, para terminar prácticamente arruinado ideando un nuevo negocio de seguridad IT que ha sido puntero en el sector. Normalmente el divorcio solía darse en las épocas en las que el dinero salió por la puerta ya que el amor saltó por la ventana. Y así, entre cena y copa, asistía a ese espectáculo de "La vida no me lo ha puesto fácil, nena, pero yo no me rindo". Y digo que al principio me fascinó, porque al poco me di cuenta de las tonterías que cuentan algunos para echar un polvo. Caballeros, yo no necesitaba tanta prosa... :)

Independientemente de que exagerasen, cuando tienes treinta y pocos, te acabas de divorciar y vuelves a encontrarte al pie de la montaña, si tienes delante un hombre 15 años mayor que tú contándote todas esas historias, tomas consciencia de la de cosas que pueden suceder en esa década y media si alguien se ha ido reinventando de forma inducida y voluntariamente. ¿Qué podría contar yo a los 50 sobre mis 15 años anteriores? Que me di cuenta de que no quería una vida de sota, caballo y rey. Que me divorcié. Empecé a liarme con hombres (y alguna mujer) como una loca. Me hice webcammer. Me metí a puta de lujo. Fui a los mejores restaurantes y hoteles de 5 estrellas en Madrid. Tuve un sinfín de aventuras y experiencias, descargas de adrenalina como nunca antes las viví, y habría seguido teniéndolas durante mucho más tiempo. Que me enamoré de alguien hasta el punto de decidir dejar de ser escort en solitario. Alguien que me lo daba todo. Pasé a conjugar cuestiones domésticas con encuentros swinger, a educar, cuidar y querer a dos niños pequeños mientras planificaba con su padre encuentros esporádicos como pareja escort, o proyectos, negocios, y hasta ampliar la familia.

O que la vida me volvió a pegar un 20 de noviembre de 2015 otro revés del que me recompuse una vez más... Porque la realidad es que nada puedo hacer sobre el pasado ni tengo control alguno sobre el futuro, de modo que sólo me queda disfrutar el presente tomando decisiones milimétricas para conseguir mi objetivo de ser feliz a cada instante.

Mi vida no es más especial que la de mi vecino, el tuyo, o tú mismo. Tan sólo es mía y afortunadamente, no me da miedo marcar el rumbo que le quiero dar a tenor de las circunstancias con las que me enfrente. Sean las que sean, sin importar las veces que regrese a una casilla de salida porque acaba una de mis vidas y deba comenzar otra.

Pero ante todo, si este post ha conseguido conmoverte un poquito para decidirte a introducir un cambio en tu vida, no dejes de hacérmelo saber. Me alegrará saberlo.

Marina 2.0

*Se trata de un ejemplo inventado por mí, pero los tiros iban por ahí...